miércoles, 14 de octubre de 2026

PELEANDO CON MI SOMBRA

Días de silencio, meditación y transmutación.

Todavía hay días en los que sigo peleando con mi propia sombra.

Días en los que necesito detenerme, sentarme conmigo mismo y observar todo aquello que llevo dentro. Intentar comprender mis pensamientos, mis emociones, mis contradicciones y esas partes de mí que todavía necesitan tiempo para encontrar su lugar.

No siempre tengo respuestas. Tampoco pretendo tenerlas.




Estoy aprendiendo a conocerme, a aceptarme y a comprender que la transformación personal no sucede de un día para otro. Hay batallas que no se ganan luchando, sino aprendiendo a observarlas sin dejar que nos gobiernen.

Últimamente estoy viviendo días de mucha meditación y reflexión. No me apetece demasiado salir de casa. No es que haya dejado de sentir curiosidad por el mundo, ni que haya perdido las ganas de vivir. Es que, en determinados momentos, necesito proteger mi tranquilidad y cuidar mi equilibrio.

Estoy siguiendo un tratamiento y aprendiendo a reconocer qué situaciones, ambientes y estímulos me hacen bien y cuáles pueden perjudicarme.

Y después está el mundo exterior.


Observar cómo funciona nuestra sociedad, la política, la vivienda, las desigualdades, la falta de empatía y tantas contradicciones termina, en ocasiones, hundiendo la moral. Parece que hemos normalizado vivir enfrentados, competir constantemente y mirar hacia otro lado cuando alguien necesita una mano.

No quiero convertirme en alguien que vive enfadado con el mundo. Tampoco quiero permitir que todo ese ruido termine ocupando el espacio que necesito para reconstruirme.

Quizá por eso busco cada vez más la naturaleza, el silencio, la madera, la música, la lectura y esos pequeños momentos en los que puedo volver a escucharme.

Carl Jung hablaba de la importancia de mirar nuestra propia sombra. No para destruirla, sino para reconocerla e integrarla. Y quizá ese sea uno de los trabajos más difíciles del ser humano: dejar de huir de uno mismo.


«A veces necesito alejarme del ruido del mundo para no perder la paz que tanto me está costando construir».


No estoy en mi mejor momento todos los días. Hay avances, retrocesos, dudas y momentos de incertidumbre. Pero sigo aquí, trabajando en mí, intentando encontrar un equilibrio y aprendiendo a respetar mis propios tiempos.

No necesito demostrarle nada a nadie.

Mi camino no tiene que parecerse al de los demás. Mi recuperación, mi tranquilidad y mi dignidad también merecen un espacio.





A veces, apartarse un poco del ruido no significa abandonar el mundo. Significa intentar encontrar la manera de volver a él sin perderse por el camino.

No estoy huyendo de la vida. Estoy aprendiendo a vivirla de otra manera.

Duende Errante.

Transmutación, aceptación, resiliencia y libertad.

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