Viva la vida
Existen encuentros que duran minutos.
Pero dejan marcas que sobreviven para siempre.
En una etapa donde mi vida seguía transitando territorios difíciles apareció Luis.
Psicólogo.
Pero reducirlo a esa palabra sería injusto.
Porque algunas personas no llegan a tu vida solamente para cumplir una función profesional.
Llegan para recordarte algo esencial.
Tu humanidad.
Luis me vio en momentos donde probablemente yo mismo había dejado de verme con claridad.
Y aun así estuvo presente.
Sin juicio.
Sin máscaras.
Simplemente presente.
Tiempo después falleció.
La noticia golpeó diferente.
Porque entendí algo inmediatamente.
No todas las personas desaparecen por completo cuando mueren.
Algunas dejan pequeñas huellas materiales que terminan convirtiéndose en símbolos eternos.
Yo conservo una pulsera.
En ella puede leerse algo simple.
Viva la vida.
Dos palabras.
Nada más.
Pero para mí significan mucho más de lo que aparentan.
Porque no siento que fuese simplemente un regalo.
Siento que aquel día ocurrió algo que todavía hoy sigo intentando comprender.
Nos dimos la mano.
Y en algún lugar invisible sentí que me estaba entregando algo imposible de nombrar.
Como si sin saberlo me estuviese diciendo:
Ahora sigue tú.
Continúa caminando.
No dejes que todo lo vivido termine únicamente en sufrimiento.
Transforma.
Aprende.
Construye algo con todo esto.
Y quizás por eso hoy sigo escribiendo.
Porque empiezo a sentir que ciertos seres humanos no aparecen casualmente.
Algunos llegan para dejarte un fragmento de su propia luz antes de marcharse.
Luis se fue.
Pero algo suyo sigue aquí.
Cada vez que miro mi muñeca lo recuerdo.
Y comprendo que quizás la vida me puso delante a alguien que vino únicamente a recordarme algo fundamental.
Después de todo.
A pesar de todo.
Siempre queda una razón para seguir caminando.
Viva la vida.
“Siento que me pasó su legado.”
— Antonio Gutiérrez Blanca
Mi vida, mi verdad.
Duende Errante.









