Hay caminos que uno no recorre solo.
A veces se caminan acompañado de personas. Otras veces, de animales que terminan convirtiéndose en mucho más que compañeros. Se convierten en familia, en guardianes, en testigos silenciosos de nuestra vida.
Roma y Negro son parte de mi camino.
Roma, mi Golden Retriever, con esa mirada noble y tranquila que parece entender muchas cosas sin necesidad de palabras.
Y Negro, mi Lobero Irlandés, enorme, fuerte y al mismo tiempo con esa sensibilidad que tienen algunos animales que parecen llevar dentro algo antiguo. Como si pertenecieran a otro tiempo.
Ellos han estado junto a mí en momentos buenos y en momentos difíciles. En el silencio, en la soledad, en las noches alrededor del fuego y en esas horas en las que uno simplemente se queda mirando la luna y pensando en la vida.
El refugio y sus guardianes
Cuando construí mi Refugio Creativo Artesanal, no estaba construyendo solamente cuatro paredes de madera.
Estaba creando un lugar donde poder parar.
Un pequeño rincón apartado del ruido, donde el fuego, la madera, los árboles, la luna y los animales forman parte de una misma historia.
Y Roma y Negro también forman parte de ella.
Por eso esta imagen representa algo más que un retrato.
Representa un camino.
Un hombre frente a su pasado, sus recuerdos y sus compañeros de viaje. Y detrás, como una presencia que permanece, aparece otra versión de uno mismo caminando entre los árboles.
Quizás todos llevamos dentro varias versiones de nosotros mismos.
El que fuimos.
El que somos.
Y el que todavía estamos intentando llegar a ser.
Lo que se pierde nunca desaparece
Hay una frase que aparece en la imagen:
“Lo que se pierde nunca desaparece, solo cambia de forma.”
Cada vez creo más en esas palabras.
Porque las personas, los animales, los lugares y los momentos que forman parte de nuestra vida dejan una huella.
Aunque el tiempo pase.
Aunque algunos caminos se separen.
Aunque determinadas cosas ya no vuelvan a ser como antes.
Permanecen en nuestra memoria.
En nuestras historias.
En nuestras fotografías.
Y, sobre todo, en lo que nos han convertido.
Roma y Negro representan para mí esa parte del camino que no necesita explicaciones.
Dos perros.
Dos compañeros.
Dos miradas diferentes.
Y una misma historia.
La noche, el fuego y la luna
Hay noches en las que me gusta encender el fuego y quedarme simplemente mirando.
Sin música.
Sin prisas.
Sin necesidad de hablar.
Cuando la luna está llena, el bosque parece diferente. Las sombras cambian, los árboles adquieren otra forma y uno puede llegar a sentir que está contemplando algo mucho más antiguo que nosotros.
Quizás por eso esta imagen tiene símbolos nórdicos, runas, la luna y el bosque.
No porque quiera representar exactamente una época histórica, sino porque esa estética conecta con algo que siento cuando estoy rodeado de naturaleza.
La fuerza.
La resistencia.
La libertad.
Y ese vínculo ancestral entre el hombre, los animales y la tierra.
Roma y Negro están ahí.
A mi lado.
Como dos guardianes del refugio.
Como dos compañeros de viaje.
Como parte de esta pequeña historia llamada Duende Errante.
🐾 Roma y Negro
Roma, Golden Retriever.
Negro, Lobero Irlandés.
Dos perros diferentes, dos personalidades diferentes, pero unidos por algo que para mí tiene mucho valor: la lealtad.
Ellos no preguntan de dónde vienes.
No preguntan cuánto tienes.
No preguntan qué errores has cometido.
Simplemente están.
Y a veces, cuando la vida se pone difícil, eso vale más que muchas palabras.
Gracias por caminar conmigo.
🌙🔥🐺
Duende Errante
“Lo que se pierde nunca desaparece, solo cambia de forma.”









