48 Años, Fuego, Amigos y Verdad.
Hay cumpleaños que se celebran con grandes fiestas, ruido y apariencias…
y luego están los cumpleaños de verdad.
Este año cumplí 48 vueltas al sol rodeado de lo único que realmente importa: la sencillez, el fuego encendido y dos amigos de los que quedan pocos. Carlos y Diego.
Solo una parrilla improvisada, unas sillas rescatadas, madera en el suelo y el aire libre acariciando la tarde mientras el sol se escondía entre los cañaverales.
Y allí, en medio de ese rincón perdido, entendí algo importante:
la riqueza no siempre está en el dinero.
A veces está en poder mirar alrededor y sentir paz.
A los 48 ya no necesito impresionar a nadie.
Prefiero una conversación sincera antes que cien palabras vacías.
Prefiero reír alrededor de unas brasas que perderme entre multitudes sin alma.
Carlos y Diego no son solo amigos.
Son compañeros de camino.
De esos que aparecen cuando la vida aprieta, cuando uno cae, cuando hace falta silencio o una mano.
Y eso vale más que cualquier regalo.
Mientras chisporroteaba la carne sobre el fuego, pensé en todo lo vivido.
Las caídas.
Las montañas subidas.
Las noches oscuras.
Las veces que hubo que volver a empezar desde cero.
Y aquí seguimos.
Más curtidos.
Más conscientes.
Más humanos.
“Duende Errante Garrapatero” no es solo un nombre.
Es una forma de vivir.
Errante, porque sigo buscando.
Duende, porque aún siento el arte y el alma.
Garrapatero, porque nunca fui de caminos perfectos, sino de tierra, madera, fuego y verdad.
Hoy celebro la vida.
Celebro seguir aquí.
Celebro a los amigos auténticos.
Y celebro que todavía me queda mucho por cantar, construir y sentir.
Gracias, Carlos.
Gracias, Diego.
Y gracias a la vida por estos 48 años de aprendizaje.
— Antonio Gutiérrez Blanca
Duende Errante Garrapatero