1 de agosto de 2026
Hay días que pasan desapercibidos para la mayoría de las personas.
Un paseo.
Una conversación.
Una comida con un amigo.
Una fotografía sobre una mesa.
Sin embargo, cuando has atravesado momentos de oscuridad, esos instantes adquieren un significado completamente distinto.
Hace apenas unos días me encontraba en uno de los momentos más difíciles de mi vida.
La ansiedad, el agotamiento y el sufrimiento parecían haber ocupado todo el espacio.
Pero hoy ocurrió algo aparentemente sencillo.
Javier, un amigo que también conoce el camino de la recuperación, me invitó a comer.
Antes de llegar, caminé durante kilómetros.
Cada paso era una conversación conmigo mismo.
No caminaba para llegar antes.
Caminaba para disfrutar del silencio.
Cuando me senté a la mesa comprendí que aquella comida representaba mucho más que una fritura malagueña.
Representaba la amistad.
Representaba la confianza.
Representaba la oportunidad de seguir construyendo una vida diferente.
Mientras observaba el plato recordé una frase de Sun Tzu que me acompaña desde hace tiempo:
"La mayor victoria es vencer sin combatir."
Durante años pensé que la fuerza consistía en responder a todos los golpes que daba la vida.
Hoy entiendo que la verdadera victoria consiste en conservar la serenidad.
En aceptar ayuda cuando aparece.
En agradecer la compañía de quienes caminan a nuestro lado.
En disfrutar de una comida sin que la mente esté atrapada por el miedo.
A veces creemos que las grandes victorias son aquellas que cambian la historia.
Yo ya no lo veo así.
Creo que las victorias más importantes son las que pasan desapercibidas.
Salir de casa.
Dar un paseo.
Compartir una mesa.
Reír durante una conversación.
Volver a casa con el corazón tranquilo.
Eso también es vencer.
Y quizá sea la victoria más difícil de todas.
Quiero agradecer a Freiduría Gonzalo – Los Corazones (Málaga) el trato recibido y la calidad de su cocina.
Y, sobre todo, quiero dar las gracias a Javier por recordarme que la amistad también puede ser una forma de sanar.
Porque la vida no siempre nos pide que luchemos.
A veces solo nos pide que aceptemos la invitación, nos sentemos a la mesa y disfrutemos del momento.
Reflexión del Duende Errante
"No todas las batallas se ganan levantando una espada. Algunas se vencen aceptando una mano tendida, compartiendo el pan y regresando a casa con el alma un poco más ligera. Ese día comprendí que la paz también puede servirse en un plato."
— Antonio Gutiérrez Blanca
Duende Errante 🌿