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sábado, 4 de mayo de 2019

Aprendiendo continuamente.

Un guerrero de la luz siempre hace algo fuera de lo común.

Puede bailar en la calle mientras se dirige al trabajo, mirar los ojos de un desconocido y hablar de 
amor a
primera vista, defender una idea que puede parecer ridícula. Los guerreros de la luz se permiten tales días.
No tiene miedo de llorar antiguas penas, ni de alegrarse con nuevos descubrimientos. Cuando siente que
llegó el momento, lo abandona todo y parte hacia su aventura tan soñada. Cuando entiende que está en el
límite de su resistencia, sale del combate, sin culparse por haber hecho alguna locura inesperada.
Un guerrero no pasa sus días intentando representar el papel que los otros escogieron para él.
 Un guerrero de la luz no posterga sus decisiones.
Él reflexiona bastante antes de actuar; sopesa su entrenamiento, su responsabilidad y su deber como
maestro. Procura mantener la serenidad y analiza cada paso como si fuese lo más importante.
No obstante, en el momento en que toma una decisión, el guerrero sigue adelante: ya no tiene más dudas
sobre lo que escogió, ni cambia de ruta si las circunstancias fueran diferentes a lo que imaginaba.
Si su decisión fue correcta, vencerá en el combate, aun cuando dure más de lo previsto. Si su decisión fue
equivocada, él será derrotado y tendrá que recomenzar todo otra vez, pero lo hará con más sabiduría.
Pero un guerrero de la luz, cuando comienza, llega hasta el final.