domingo, 7 de junio de 2026

Recuerdos de mi infancia en la E.G.B.


Crecí entre las calles de Jardín de la Abadía y el Bulto  casi siempre en los Bloques de la cansa con mi amigo David ,aprendimos juntos a montar en moto( Muchas cosas ,un abrazo muy grande ) en la rieju de su Hermano Fernando (Un Saludo) con la tienda de chuches de mi abuela Lola.....

Antonio Maria . (Te Quiero y a tu mujer y familia también).

En la escuela de verana 2001 , Asperones _  Málaga.

Fotografia ,Organizador  u n mentor para mi , Francisco Roji Doña...    te veo en na...

Estudie en el colegio público Hogarsol, en aquellos años de la E.G.B. que marcaron a toda una generación.

Antonio Soler, muchas gracias Amigo.

 Mi infancia transcurrió en el barrio, en “el Rebalae”, rodeado de amigos, juegos y tardes interminables que hoy permanecen intactas en mi memoria.

Éramos un grupo inseparable: Sergio, Raúl, Alarcón, Nico y yo. Nuestra vida giraba alrededor del fútbol sala. 

Pasábamos horas jugando, compitiendo y soñando como solo se hace cuando uno es niño.

 Aquellas pistas eran mucho más que un lugar para jugar; eran nuestro punto de encuentro, nuestro refugio y el escenario donde aprendimos el valor de la amistad, el compañerismo y la pasión por el deporte.

Recuerdo especialmente un partido que jamás olvidaré.

 En una jugada desafortunada, el portero del equipo contrario chocó conmigo y terminé con la rótula fuera de su sitio.

 El dolor fue inmenso, pero tuve la suerte de que cerca había un hombre que supo reaccionar rápidamente y consiguió colocármela de nuevo. 

Después de unos minutos de reposo, y movido más por la pasión que por la prudencia, continué jugando junto a mis amigos.

 Así éramos entonces: el fútbol podía más que cualquier golpe.

Días después llegó el hospital, las revisiones y aquel momento tan duro en el que tuvieron que extraer líquido de mi rodilla. 

Sin embargo, lo que realmente permanece grabado en mi memoria no es el dolor, sino la imagen de mi padre sujetándome la mano mientras los médicos me atendían. 

En aquel gesto silencioso encontré tranquilidad, fuerza y la seguridad que solo un padre puede transmitir.

Hoy, cuando recuerdo aquellos años, no pienso únicamente en los partidos o en las travesuras de la infancia. Pienso en una época sencilla y auténtica, en los amigos que dieron sentido a cada tarde y en esos pequeños momentos que, sin saberlo entonces, acabarían convirtiéndose en algunos de los recuerdos más valiosos de mi vida.

En la escuela de verana 2001 , Asperones _  Málaga.

Tocar carros de fuego en el escenario con un Casio blanco.

Mi Juanma vestido yo de calavera..karate kit el malo jjjjaj

y por supuesto Ángel Posadas ( LoKomia).Nos disfrazamos con sus trajes  , Raúl Atero Becerra ,Sergio Blanco Jiménez(creo que me atendió un día en urgencias en el clínico.) y Antonio Alarcón Gordo y el menda.

Aquellos maravillosos años.


CONTINUARA.....


Gracias a todos!!! con el corazon en el pecho.

Aprendiendo : Don Francisco,( Director) que me tiraba de las patillas...me cago....Profesores que nos aguantaban tela....ajajjajaja  Gracias . PA+

sábado, 6 de junio de 2026

Saber escuchar es un Arte.

“Saber escuchar es un Arte”

Hay frases que no envejecen.


“Saber escuchar es un Arte”, decía el mítico cantaor malagueño Juan Breva, y en lugares como su museo uno entiende verdaderamente el peso de esas palabras.

Esta fotografía recoge un instante lleno de emoción y significado.

 Junto a mí, el gran guitarrista Pepe Satorre y otro artista que representan esa manera auténtica de vivir el arte desde la verdad y la sensibilidad.



Pero esta etapa de admiración y descubrimiento tiene también un nombre muy especial: Francisco Roji.
Sin saberlo, él me introdujo en este camino de respeto y fascinación por este universo artístico.

A veces, las personas más importantes en nuestra vida no son las que intentan enseñar, sino aquellas que, con su forma de vivir y sentir, despiertan en nosotros una nueva mirada.


Y  Por supuesto el mas gran sinvergüenza y buena persona que e tenido el honor de conocer y considerarnos verdaderos Hermanos del Rebalae, Mi Gordo.
Esta imagen esta realizada en el museo de Juan breva ,en el centro de Malaga.
Historias ....Proximamente.

Entre las paredes del museo resuenan mensajes que siguen marcando el camino:
“Seguir aprendiendo, velar por la pureza, propagar enseñando”.

Y quizá de eso trata realmente el arte: de aprender a escuchar, de observar en silencio y de dejarse tocar por quienes llevan la música y la emoción en el alma.

Esta imagen ya forma parte de esos recuerdos que permanecen. No solo por el lugar o por la fotografía, sino por todo lo que representa: admiración, aprendizaje y gratitud hacia quienes mantienen viva la esencia de nuestra cultura.

Porque el verdadero arte no siempre necesita palabras.
A veces basta una guitarra, una mirada… y saber escuchar.

Cinco meses en mi transición evolución.


Hay momentos en la vida en los que uno siente que todo cambia por dentro antes de que el exterior empiece a reflejarlo. Hace cinco meses entré en la asoc A.MarMar de Málaga buscando apoyo, comprensión y una manera de volver a conectar conmigo mismo. No imaginaba que, además de encontrar personas increíbles, también iba a comenzar una transformación tan profunda en mi vida personal y creativa.

Estos meses han sido una transición constante. No solo emocional, también mental y artística. He aprendido a escucharme más, a respetar mis tiempos y a entender que evolucionar no significa convertirse en alguien diferente, sino acercarse cada vez más a quien realmente eres.


Poco a poco, ese proceso empezó a reflejarse en los espacios que habito. Lo que antes era simplemente un rincón improvisado hoy comienza a tomar forma como un verdadero estudio de grabación. Cada cable colocado, cada monitor encendido y cada detalle de madera en las paredes representan mucho más que estética: son parte de una reconstrucción personal.

Mi espacio creativo se ha convertido en un refugio. Un lugar donde puedo grabar ideas, crear música, editar contenido y expresar emociones que muchas veces no sabía cómo sacar afuera. Hay noches en las que el silencio del estudio dice más que cualquier conversación, y otras donde una simple melodía me recuerda todo lo que he avanzado en tan poco tiempo.

A.Mar Málaga ha sido una pieza importante en este camino. Encontrar un entorno donde sentirse acompañado cambia completamente la manera en que uno enfrenta sus miedos y sus metas. Cuando alguien cree en ti, aunque tú todavía estés aprendiendo a hacerlo, empiezas a mirar el futuro de otra manera.

Hoy, cinco meses después, miro atrás y veo una versión de mí mucho más insegura, más perdida y desconectada. Aún queda mucho camino por recorrer, pero también hay algo muy importante: ahora tengo dirección, ilusión y un proyecto que crece conmigo.

Este estudio no nació de la perfección. Nació de la necesidad de sanar, de crear y de volver a encontrarme.

Y quizás eso es lo más bonito de todo: entender que a veces los lugares que construimos por fuera terminan siendo el reflejo exacto de cómo nos estamos reconstruyendo por dentro.

Muchas gracias!!!

jueves, 4 de junio de 2026

Málaga, Casa Aranda.

 

Casa Aranda: el sabor más auténtico del centro de Málaga.

En pleno corazón de la ciudad, entre callejuelas llenas de historia y el bullicio del centro histórico, se encuentra Casa Aranda, una cafetería que forma parte de la identidad gastronómica de Málaga desde 1932.

 Más que una simple churrería, Casa Aranda es uno de esos lugares donde el tiempo parece detenerse mientras el aroma a café recién hecho y chocolate caliente invade cada rincón.

Hablar de desayunos malagueños es hablar de churros, y en Casa Aranda los preparan siguiendo la misma receta tradicional desde hace más de 90 años. 

Sus famosos churros estilo “porra”, dorados y crujientes, se sirven recién hechos y acompañados de un espeso chocolate caliente que se ha convertido en todo un símbolo para locales y visitantes.



El ambiente conserva ese encanto clásico de las cafeterías de toda la vida. 

Camareros que se mueven con rapidez entre mesas llenas de familias, turistas y malagueños habituales, conversaciones cruzadas y el sonido constante de cafés sirviéndose hacen de la experiencia algo auténticamente local.

Ubicada en el centro histórico, Casa Aranda se ha convertido en una parada imprescindible para quienes visitan Málaga y quieren descubrir una de sus tradiciones gastronómicas más queridas. 

Su popularidad sigue intacta generación tras generación, demostrando que las cosas sencillas, cuando se hacen bien, nunca pasan de moda.

Ya sea para empezar la mañana con energía, hacer una pausa durante un paseo por el centro o simplemente disfrutar de uno de los mejores chocolates con churros de Andalucía, Casa Aranda sigue siendo ese rincón especial donde Málaga sabe a tradición.

jueves, 28 de mayo de 2026

Playa de Málaga y espetos de sardinas: el sabor del verano andaluz.

 

Hablar de Málaga es hablar de mar, luz y gastronomía. La costa malagueña tiene una personalidad única: playas urbanas llenas de vida, atardeceres dorados y una tradición culinaria que convierte cualquier comida frente al Mediterráneo en una experiencia inolvidable. Y si hay un símbolo que resume todo eso en un solo plato, ese es el espeto de sardinas.


Málaga y su relación con el mar

La ciudad de Málaga vive de cara al Mediterráneo. Desde primera hora de la mañana, sus playas se llenan de paseantes, deportistas y familias que buscan disfrutar del clima suave que caracteriza a la Costa del Sol durante gran parte del año.

Playas como Playa de La Malagueta, Playa de Pedregalejo o Playa de El Palo ofrecen mucho más que arena y mar. Son lugares donde se respira tradición, especialmente en los famosos chiringuitos que bordean la costa.



El espeto: una tradición con sabor a Mediterráneo

El espeto de sardinas es uno de los platos más representativos de la gastronomía malagueña. Su preparación parece sencilla, pero detrás existe toda una técnica transmitida de generación en generación.

Las sardinas se ensartan en una caña y se cocinan lentamente sobre brasas, normalmente en barcas de arena llenas de carbón. El resultado es espectacular: pescado jugoso, piel ligeramente crujiente y ese inconfundible aroma a mar y humo que abre el apetito al instante.


Comer espetos junto al mar

Una de las mejores experiencias que puede vivir cualquier visitante en Málaga es sentarse en un chiringuito frente a la playa mientras escucha las olas y disfruta de unos espetos recién hechos.



En barrios marineros como Pedregalejo o El Palo, el ambiente conserva una esencia auténtica. Allí todavía es posible ver a los espeteros trabajando junto a las brasas mientras los clientes comparten mesas, conversaciones y largas sobremesas veraniegas.

Además de los espetos, muchos chiringuitos ofrecen otras especialidades típicas como:

  • boquerones fritos,
  • calamares,
  • pulpo a la brasa,
  • ensalada malagueña,
  • y pescaíto frito.

Todo acompañado por una bebida fría y la brisa del Mediterráneo.

Mucho más que gastronomía

La cultura del espeto representa una forma de entender la vida: sin prisas, disfrutando del momento y compartiendo alrededor de una mesa. En Málaga, comer frente al mar no es solo una comida; es una tradición social y emocional que forma parte de la identidad local.

Al caer la tarde, las playas adquieren una atmósfera especial. El cielo se tiñe de tonos anaranjados, las brasas comienzan a iluminar los chiringuitos y el aroma de las sardinas invade el paseo marítimo. Son pequeños momentos que convierten unas vacaciones en un recuerdo imborrable.


martes, 26 de mayo de 2026

Revolución social necesaria

 “Hoy no vengo a dar lecciones. Vengo a hablar de algo que destruye vidas en silencio… las adicciones. Y quizá, mientras te psicoanalizas, tú o alguien que amas está luchando contra una.”



  1. ¿En qué momento te diste cuenta de que la adicción estaba controlando tu vida?
  2. ¿Qué fue lo más difícil de aceptar sobre ti mismo durante esa etapa?
  3. ¿Cómo afectan las adicciones no solo a quien las vive, sino también a la familia y amigos?
  4. ¿Qué mentiras se repite una persona adicta para justificar lo que hace?
  5. ¿Cuál fue tu punto más bajo emocionalmente?
  6. ¿Hubo alguien que intentó ayudarte y en ese momento no quisiste escuchar?
  7. ¿Qué siente una persona cuando cree que ya no puede salir de ahí?
  8. ¿Cuál fue el momento exacto en el que decidiste cambiar?
  9. ¿Qué hábitos o decisiones te ayudaron a empezar a recuperarte?
  10. ¿Qué le dirías hoy a alguien que está atrapado en una adicción y siente vergüenza de pedir ayuda?
  11. ¿Cómo se reconstruye la confianza después de destruir relaciones?
  12. ¿Qué aprendiste sobre ti mismo después de salir adelante?
  13. ¿Por qué es importante hablar de las adicciones sin aparentar perfección?
  14. ¿Crees que las redes sociales, la soledad o la ansiedad están empeorando este problema hoy?
  15. ¿Qué significa realmente “ser libre” después de una adicción?


Rockberto Tableton

 

Un campero temprano en La Campana

En honor a Rockberto y al alma canalla de Málaga

Hay bares que sirven café.
Y luego está La Campana, La casa del Guardia, El Racimo.....

Ese rincón del barrio donde el tiempo parece quedarse fumando en la puerta mientras Málaga despierta despacio, con olor a pan tostado, a sombra fresca y a conversación antigua.

 Allí, entre persianas medio abiertas y el eco de las primeras voces del día, más de una vez apareció Rockberto, el eterno vocalista de Tabletom, con esa presencia imposible de ignorar.

 Medio poeta, medio pirata urbano. Siempre auténtico.



Dicen los que lo conocieron bien que podía convertir cualquier barra en un escenario.
No necesitaba focos.
Le bastaba una mesa, una cerveza fría y alguien dispuesto a escuchar.

Y es fácil imaginarlo allí, en La Campana, temprano, antes de que el calor apretara las calles de Málaga. Pidiendo un campero mientras la ciudad todavía bostezaba. 

El camarero ya sabiendo lo de siempre. 

El pan caliente. 

El sonido lejano de una moto cruzando el barrio. 

Y Rockberto soltando alguna frase imposible de repetir igual dos veces.

Porque Málaga tiene lugares que son más que lugares.
Son memoria.

Como el Pasaje de Chinitas, esa calle pequeña y eterna donde todavía parece resonar la voz de los artistas que hicieron grande la noche malagueña. 

Un rincón que ha sobrevivido al tiempo, al turismo y a las prisas. Allí donde la ciudad todavía conserva algo de verdad.

Rockberto pertenecía precisamente a esa Málaga:
la que mezcla bohemia y barrio, rock y flamenco, poesía y humo de cocina.

Hablar de él es hablar de una generación que convirtió las calles en cultura. Que hizo música sin postureo. Que cantó desde dentro. Y por eso La Campana no es solo un bar. Para muchos es también un pequeño santuario cotidiano donde aún quedan ecos de aquellas mañanas y aquellas noches.

Quizás por eso un simple campero sabe distinto allí.

Sabe a Málaga.
A conversación lenta.
A rock callejero.
A historia viva.

Y mientras el sol entra entre los árboles y golpea las fachadas del barrio, uno casi puede imaginarlo otra vez sentado en la terraza, gafas oscuras, mirada tranquila y esa forma tan suya de observar el mundo como si siempre estuviera a punto de escribir una canción.

Va por ti, Rockberto.
Y por todos los bares donde todavía quedan historias de verdad.

domingo, 24 de mayo de 2026

Andalucía libre, siempre!!!!

 El latido de Málaga y el alma marinera de Andalucía

Hay imágenes que no se olvidan jamás.
El sonido de la jábega rozando la arena. Las manos curtidas tirando de la cuerda. El olor a sal pegado en la piel. El grito del marengo marcando el ritmo mientras el copo va cerrándose lentamente frente a la orilla. Eso no era solo pesca. Era pueblo. Era hambre y dignidad. Era Málaga respirando junto al mar.

“Sacar el copo” no fue nunca únicamente una técnica pesquera. Fue una forma de vivir Andalucía.

Durante generaciones, las playas malagueñas despertaban antes que el sol. Los hombres empujaban las barcas al agua mientras las mujeres preparaban capazos, remendaban redes o esperaban la llegada del pescado para venderlo en los barrios. Los niños crecían entre sardinas, sal y espuma. Cada tirada del copo era una batalla contra el mar y también una ceremonia colectiva. Nadie estaba solo. Todo el mundo ayudaba.

La jábega: la barca con alma

La jábega malagueña no es una simple embarcación. Es un símbolo antiguo, casi sagrado. Sus raíces llegan hasta los fenicios, que navegaron estas costas mucho antes de que existieran fronteras o banderas modernas.

Con su proa elevada y su silueta elegante, la jábega era la compañera inseparable del copo. Desde la playa salía al mar dibujando un arco mientras soltaba la red. Después comenzaba lo verdaderamente duro: tirar desde tierra, metro a metro, entre sudor, arena y paciencia.

A eso se le llamaba “rebalahe”.
Ese momento en el que el cuerpo se inclina hacia atrás, las piernas se hunden en la arena y varias personas tiran juntas hasta traer la vida desde el mar. Ahí nace el esfuerzo compartido. Ahí nace el pueblo.

Hoy muchos jóvenes no conocen ya ese oficio. Pero aún quedan guardianes de la memoria en barrios marineros como El Palo, Pedregalejo o Huelin. Viejos marengos que todavía hablan del copo como quien habla de un abuelo querido.

Andalucía libre, marinera y trabajadora

Andalucía siempre fue una tierra explotada y, aun así, orgullosa.
Los jornaleros en el campo. Los marineros en la costa. La gente humilde levantando el sur mientras otros se enriquecían lejos de aquí.

Por eso el mar en Málaga no puede separarse de la identidad andaluza. Porque cada copo tirado desde la arena era también una manera de resistir. De alimentar a la familia. De seguir vivos pese al abandono.

Andalucía no nació en despachos.
Nació en las manos de la gente sencilla.

En los pescadores.
En los obreros.
En quienes nunca tuvieron nada salvo su tierra y su dignidad.


Caparrós: la sangre andaluza que no se olvida

Y cuando se habla de dignidad andaluza, el nombre de Manuel José García Caparrós aparece como un relámpago imposible de apagar.

Caparrós era un joven trabajador malagueño de Cervezas Victoria, hijo de una familia humilde. El 4 de diciembre de 1977 salió a la calle para pedir algo tan sencillo como justo: autonomía y respeto para Andalucía. Aquella manifestación llenó las calles de banderas verdiblancas y esperanza.

Pero la respuesta fue violencia.

Durante las cargas policiales, una bala acabó con la vida de Caparrós en Málaga. Tenía solo 18 años. El autor del disparo nunca fue identificado oficialmente.

Muchos andaluces sienten que aquel día marcó un antes y un después. Porque Caparrós no murió solo. Con él cayó también el silencio de una tierra cansada de ser tratada como periferia pobre de España.

Hablar de Caparrós es hablar del pueblo trabajador andaluz.
Del hijo del pescador.
Del obrero.
Del muchacho que podría haber estado ayudando a sacar el copo en cualquier playa malagueña.

Su memoria sigue viva porque representa algo profundo: la Andalucía que nunca se arrodilla.

El mar guarda la memoria

Hoy el copo casi ha desaparecido. La modernidad cambió las costas. Muchas artes tradicionales fueron prohibidas o sustituidas por métodos industriales.

Pero hay cosas que no pueden borrarse.

Mientras exista una jábega navegando frente a Málaga…
Mientras alguien cante una malagueña mirando al mar…
Mientras una bandera verdiblanca ondee con orgullo…
seguirá vivo ese espíritu antiguo de los marengos.

Porque Andalucía no es un decorado para turistas.
Andalucía es memoria.
Es sacrificio.
Es pueblo.

Y en cada cuerda del copo tirada desde la arena sigue latiendo el corazón libre de esta tierra.

Andalucía libre. Siempre.

sábado, 23 de mayo de 2026

5 años soportando el abuso silencioso

 

Hay heridas que no se ven, pero desgastan lentamente la vida de una persona. Durante 5 años he convivido con situaciones de acoso, coacción, manipulación y presión emocional que dejaron consecuencias profundas, muchas veces invisibles para quienes observan desde fuera.

El abuso constante no solo afecta la tranquilidad; también altera la forma en la que uno se relaciona consigo mismo y con el mundo.

 Cuando una persona vive durante años bajo tensión, críticas, desprecios o control emocional, termina buscando formas de escapar del dolor. 

En muchos casos, las adicciones aparecen precisamente ahí: como refugio, como anestesia emocional o como una manera desesperada de soportar aquello que parecía imposible de cambiar.



Lo más duro no es únicamente haber caído en esas adicciones, sino intentar rehabilitarse mientras continúan las conductas abusivas alrededor.

 Recuperarse requiere fuerza, estabilidad y apoyo, pero muchas veces el entorno sigue alimentando el mismo sufrimiento que provocó la caída inicial.

Sin embargo, reconocerlo y hablarlo ya forma parte de la recuperación. 

La rehabilitación no consiste solo en abandonar una adicción; también implica reconstruir la dignidad, recuperar la libertad emocional y aprender a poner límites a quienes durante años cruzaron todas las líneas del respeto.

Nadie debería sentirse culpable por haber desarrollado mecanismos de defensa ante una vida marcada por el desgaste psicológico.

 Lo importante es decidir avanzar, incluso cuando otros siguen intentando arrastrarte hacia el mismo lugar oscuro del que estás tratando de salir.

Hoy entiendo que sanar no significa olvidar lo vivido, sino impedir que el abuso siga definiendo quién eres.

 La recuperación es una lucha diaria, pero también es una declaración de resistencia, dignidad y esperanza.

sábado, 16 de mayo de 2026

48 Añitos...Maquiavelo- Jung- Niethche.

48 Años, Fuego, Amigos y Verdad.
Hay cumpleaños que se celebran con grandes fiestas, ruido y apariencias…
y luego están los cumpleaños de verdad.
Este año cumplí 48 vueltas al sol rodeado de lo único que realmente importa: la sencillez, el fuego encendido y dos amigos de los que quedan pocos. Carlos y Diego.


Solo una parrilla improvisada, unas sillas rescatadas, madera en el suelo y el aire libre acariciando la tarde mientras el sol se escondía entre los cañaverales.
Y allí, en medio de ese rincón perdido, entendí algo importante:
la riqueza no siempre está en el dinero.
A veces está en poder mirar alrededor y sentir paz.
A los 48 ya no necesito impresionar a nadie.
Prefiero una conversación sincera antes que cien palabras vacías.
Prefiero reír alrededor de unas brasas que perderme entre multitudes sin alma.
Carlos y Diego no son solo amigos.
Son compañeros de camino.
De esos que aparecen cuando la vida aprieta, cuando uno cae, cuando hace falta silencio o una mano.
Y eso vale más que cualquier regalo.
Mientras chisporroteaba la carne sobre el fuego, pensé en todo lo vivido.
Las caídas.
Las montañas subidas.
Las noches oscuras.
Las veces que hubo que volver a empezar desde cero.
Y aquí seguimos.
Más curtidos.
Más conscientes.
Más humanos.
“Duende Errante Garrapatero” no es solo un nombre.
Es una forma de vivir.
Errante, porque sigo buscando.
Duende, porque aún siento el arte y el alma.
Garrapatero, porque nunca fui de caminos perfectos, sino de tierra, madera, fuego y verdad.
Hoy celebro la vida.
Celebro seguir aquí.
Celebro a los amigos auténticos.
Y celebro que todavía me queda mucho por cantar, construir y sentir.

Gracias, Carlos.
Gracias, Diego.

Y gracias a la vida por estos 48 años de aprendizaje. 

— Antonio Gutiérrez Blanca
Duende Errante Garrapatero

viernes, 15 de mayo de 2026

Tierra de Acebuches y Pólvora.

 

En las sierras ásperas de Andalucía, donde el viento trae todavía ecos de rezos en árabe y campanas castellanas, nació una historia que nunca escribieron los vencedores. La historia de un pueblo que aprendió a resistir entre olivares, cuevas y caminos polvorientos.

Dicen los viejos que cuando cayó Conquista de Granada, no terminó solamente un reino. Terminó una forma de mirar el mundo. Las fuentes dejaron de cantar en árabe, los libros ardieron y muchos hombres y mujeres de Al-Ándalus tuvieron que esconder su lengua y sus nombres.

Pero la memoria no desaparece tan fácil.

En las Alpujarras, en Sierra Morena y en los montes de Ronda comenzaron a surgir hombres perseguidos por los nuevos señores: moriscos huidos, campesinos sin tierra, jornaleros hambrientos y desertores. A algunos los llamaron criminales. Otros los llamaron bandoleros.

La verdad era más compleja.


Aquellos bandoleros conocían cada barranco y cada encina. Robaban convoyes de nobles y recaudadores, ayudaban a familias expulsadas y cruzaban la noche como sombras antiguas de Al-Ándalus. Muchos llevaban amuletos con versos del Corán cosidos bajo la camisa, aunque ya nadie pudiera leerlos.

Uno de ellos era Yusuf el Tuerto, nacido cerca de Granada. Su abuelo había sido alarife; su padre, jornalero. Él aprendió desde niño que en Andalucía la tierra era rica, pero el pueblo pobre. Cuando los soldados quemaron su aldea por sospechar que escondían libros prohibidos, Yusuf huyó a la sierra.

Allí reunió a otros como él.

—No somos ladrones —decía junto al fuego—. Somos hijos de una tierra olvidada.

Durante años atacaron diligencias de terratenientes y repartieron trigo entre cortijos miserables. La Guardia los perseguía, pero el pueblo callaba. Porque en cada venta, en cada taberna y en cada patio blanco había alguien que recordaba que aquellos hombres luchaban contra el abuso.



Con el tiempo, las historias crecieron. Yusuf se convirtió en leyenda. Algunos juraban haberlo visto desaparecer entre la niebla de Sierra Morena montando un caballo negro. Otros decían que rezaba mirando al sur, hacia el mar que une Andalucía con África.

Pasaron siglos.

Cambiaron los reyes, las banderas y las guerras. Pero Andalucía siguió siendo tierra de jornaleros, emigrantes y memoria herida. Entonces nacieron nuevas voces que ya no empuñaban trabucos, sino palabras.

A principios del siglo XX apareció Blas Infante, que habló otra vez de Al-Ándalus no como un reino perdido, sino como raíz cultural de un pueblo mestizo y abierto. Recordó que Andalucía tenía historia propia, dignidad propia y derecho a levantarse.

Muchos andalucistas vieron en los antiguos bandoleros algo más que delincuentes: vieron rebeldes populares nacidos de la injusticia. Hombres y mujeres que se negaron a aceptar el hambre mientras otros acumulaban tierras infinitas.

Y así, entre coplas, banderas verdiblancas y noches de verano, la memoria siguió viva.

Porque Andalucía nunca fue solo folclore para turistas.

Fue frontera, mezcla, resistencia y pueblo.

Y todavía hoy, cuando el sol cae rojo sobre los olivares y el aire huele a jara y leña, algunos dicen que los viejos bandoleros de Al-Ándalus siguen cabalgando por las sierras, cuidando la memoria de quienes nunca quisieron agachar la cabeza.

La Peña Juan Breva: un rincón donde el flamenco sigue vivo.

 

Hay lugares que no solo se visitan… se sienten.

La Peña Juan Breva es uno de esos espacios donde el flamenco respira en cada pared, en cada guitarra y en cada quejío que se escucha al caer la noche.

Tuve la oportunidad de tomar esta fotografía en uno de los rincones más emblemáticos de la peña, un lugar que mezcla historia, arte y pasión flamenca.




 La imagen refleja precisamente eso: el valor de escuchar, de sentir y de dejarse llevar por el arte. Porque el flamenco no se entiende solo con los oídos; se vive con los cinco sentidos.

La Peña Juan Breva no es únicamente una peña flamenca. También es un museo dedicado a conservar la memoria y la esencia del flamenco más puro. Entre guitarras antiguas, carteles históricos, fotografías y objetos llenos de historia, uno puede recorrer décadas de cultura andaluza y comprender la importancia de este arte universal.

Pero lo más especial ocurre cuando llega la noche.
Cada día, la peña cobra vida con actuaciones en directo donde cantaores, guitarristas y bailaores mantienen viva la tradición flamenca en un ambiente cercano y auténtico. Aquí no hay artificios: solo verdad, compás y emoción.

Para quienes aman el flamenco, visitar este lugar es casi una obligación. Y para quienes aún no lo conocen, puede convertirse en la puerta perfecta para descubrir un arte capaz de emocionar desde el primer acorde.

Desde Duende Errante Flamenco, seguimos recorriendo lugares donde el flamenco conserva su alma intacta. Y la Peña Juan Breva es, sin duda, uno de ellos.

“Saber escuchar es arte…”
Y en este rincón de Málaga, el arte se escucha todos los días.

jueves, 14 de mayo de 2026

Un encuentro en el centro de Málaga con El Tijeritas

 Hay encuentros que parecen escritos por el destino. Paseando por las calles estrechas del centro de Málaga, entre fachadas antiguas, ecos de guitarras lejanas y el murmullo de la gente, Sanma y yo vivimos uno de esos momentos que quedan grabados para siempre.

La tarde tenía esa luz cálida tan característica de Málaga. Caminábamos sin prisa, disfrutando del ambiente del casco histórico, cuando de repente apareció él: El Tijeritas. Con esa mezcla de arte callejero, mirada profunda y alma flamenca que solo tienen quienes han vivido mucho y sentido aún más.


Nos detuvimos a hablar unos minutos. Bastaron unas pocas palabras para notar que detrás de aquella sonrisa había historias, noches de cante, caminos recorridos y mucho duende. El ambiente parecía detenerse alrededor. Málaga seguía moviéndose, pero en aquel rincón del centro se creó un pequeño universo flamenco.

Sanma, siempre atento a los detalles, no tardó en conectar con él. Entre bromas, recuerdos y alguna que otra anécdota improvisada, surgió una conversación auténtica, de esas que no necesitan filtros. Yo observaba la escena pensando en cómo el flamenco sigue siendo eso: encuentros humanos, emoción directa y verdad.

La foto que nos hicimos juntos resume perfectamente el momento. Tres personas distintas compartiendo una misma energía en medio de una calle malagueña llena de historia. Sin escenario, sin focos, sin artificios. Solo calle, conversación y duende.

Málaga tiene esa magia. Nunca sabes cuándo una simple caminata puede convertirse en una historia digna de recordar. Y aquella tarde, junto a Sanma y El Tijeritas, el centro de la ciudad nos regaló precisamente eso: un instante auténtico, flamenco y profundamente humano.

El duende aparece cuando menos lo esperas

Quizá por eso seguimos caminando, cámara en mano y corazón abierto. Porque a veces, entre callejones, conversaciones improvisadas y miradas sinceras, aparece el verdadero espíritu del flamenco.

Y cuando ocurre, solo queda agradecer el momento y dejarse llevar.