Una Familia que Encontré en el Camino.
Hay lugares que se convierten en hogar, no por las paredes que los rodean, sino por las personas que los habitan. Para mí, Aventur El Chorro es uno de esos lugares que permanecerán para siempre en mi corazón.
La única tienda de escalada y en la cual compre hace ya años mis primeras cintas espress, grillo, mosquetones... aun conservo el que me regalo Andrés con la marca de la tienda.
Esta entrada está dedicada a la gran familia que me acogió durante unos tres años en su terreno, en una etapa muy especial de mi vida. Y, sobre todo, está dedicada a Anne Marie, mi gran sister, una de esas personas que aparecen en el camino para recordarte que la bondad humana existe.
Llegué en una época incierta, cuando el mundo entero se enfrentaba a la pandemia del COVID. Mientras muchos vivían confinados entre cuatro paredes, yo encontré refugio en plena naturaleza, en la Sierra de El Chorro. Durante mi primer año allí dormí bajo la sombra de un viejo algarrobo, rodeado de montañas, silencio y libertad.
Aquellas noches quedaron grabadas en mi memoria. El sonido del viento entre los árboles, los amaneceres sobre la sierra y la compañía de los verdaderos habitantes del lugar: los jabalíes y sus jabatos, que recorrían el terreno con total naturalidad. Compartíamos el espacio con respeto mutuo, formando parte del mismo paisaje.
A mi lado, como siempre, estaba Roma, mi fiel compañera. Mi perra lleva ya más de catorce años acompañándome por caminos, montañas y aventuras de todo tipo. Ha sido testigo de momentos difíciles y de otros maravillosos. Juntos hemos recorrido miles de kilómetros y vivido experiencias que llenan una vida entera. En El Chorro también encontró su hogar, corriendo libre entre senderos y disfrutando de una naturaleza que parecía no tener fin.
Pero si hay un regalo que simboliza todo el cariño que recibí allí, fue la caravana que me regalaron. Esa misma caravana en la que sigo viviendo hoy en día. No fue simplemente un techo; fue una muestra de confianza, generosidad y amor. Cada vez que entro en ella recuerdo de dónde viene y a las personas que hicieron posible que siguiera adelante.
Durante aquellos tres años aprendí que la verdadera riqueza no está en las posesiones, sino en los vínculos que construimos. Aprendí que una familia no siempre es la que comparte tu sangre; a veces es la que te abre sus puertas cuando más lo necesitas, la que comparte contigo una comida, una conversación o un simple gesto de apoyo.
Gracias, Anne Marie. Gracias a toda la familia de Aventur El Chorro por hacerme sentir uno más de vosotros. Gracias por vuestra amistad, vuestra confianza y vuestra inmensa generosidad. Formáis parte de una etapa inolvidable de mi vida y ocuparéis siempre un lugar especial en mi corazón.
Y gracias también a Roma, mi compañera de aventuras, por seguir caminando a mi lado después de tantos años, compartiendo cada amanecer y cada nuevo camino.
Hay lugares que se visitan. Hay lugares donde se vive. Y luego están esos lugares que, para siempre, se convierten en parte de uno mismo. Aventur El Chorro es uno de ellos. ❤️🐾🌿🏕️


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Contamos con tu comentario para poder seguir mejorando.